alimentacion ecologica consciente


Hay acuerdo general en que lo que comemos afecta a nuestra salud; también lo hay en que la manera en que lo producimos afecta al medio ambiente. Algunas personas hacen hincapié en lo primero, mientras que los de tendencia ecologista hacen mayor hincapié en lo segundo.
Pero quisiera profundizar en otro aspecto de la alimentación que generalmente se ignora y a mi modo de ver es de importancia capital, tanto o más que los anteriores, ya que de alguna manera les engloba a ambos: cómo nuestro estilo de alimentación (cómo y qué comemos) modifica nuestra visión del mundo y nuestro sentido de identidad. Dicho de otra manera, cómo la alimentación puede modificar la claridad de la inteligencia, e incluso diría que nuestro nivel de consciencia.
Normalmente cuando hablamos de salud y medio ambiente lo hacemos como de dos cosas separadas aunque relacionadas: yo estoy aquí, dentro de las fronteras de mi piel, y el planeta o la naturaleza están allí, más allá de mis fronteras. Es evidente que en esta visión subyace una dualidad básica. La frase que mejor resume esta mentalidad dualista es la tan manida “¡Salvemos el planeta!”, que a mí me parece la culminación del protagonismo egóico, más propia de un sentimiento verdaderamente ecologista: mi gran “yo” está aquí y tiene nada menos que la titánica labor de salvar el mundo.
Desde que comencé a conocer agricultores ecológicos y a consumir sus productos me sucede un curioso fenómeno que quisiera compartir: los alimentos han dejado de ser algo anónimo que se coge del lineal de un supermercado, normalmente una gran superficie, para convertirse en algo que tiene una historia y un proceso, las personas que los trabajan tienen nombres y caras, pienso en ellos y en el huerto cuando los como, y también en el río, que estará un poquito menos contaminado gracias a que no se usaron pesticidas ni herbicidas en los cultivos. A nivel medio ambiente la contribución es mínima, pero el cambio de percepción es muy importante. Me pongo en el lugar del agricultor, me pongo en el lugar del huerto y me pongo en el lugar del río. Después doy un pasito más y digo: soy el río, soy el huerto y soy el labrador, siento que he entrado en un circuito de sanación y que cuando los tengo en cuenta lo único que hago es aprender a cuidarme..
Y puesto que soy el medio ambiente, puedo decir que cada uno de nosotros somos el planeta, así que no tenemos que hacer ninguna hazaña ni salvar a nadie. Lo único que sería conveniente hacer es dejar de suicidarnos.